Años atrás, en aquellos establecimientos donde se procedía al cambio de las caballerías para los carruajes y exigencias y sillas de postas, se estableció la costumbre de despachar vino para tomar la fuerza suficiente que permitirá seguir sosteniendo las riendas.
A fin de paliar las copiosas libaciones, los corregidores, y dado que no existan normas de circulación, pero si se ocasionaban atropellos a cuenta del exceso en la bebida, iniciaron una campaña de sobriedad, con la orden de que cada jarra de vino debía ir acompañada con un complemento comestible, para que los conductores de carruajes no recibieran directamente el vino en el estomago.
Alfonso X el Sabio, preocupado también por la ordenación del tráfico de los caminos, impuso el complemento comestible obligatorio, que por ley solía consistir, en degustar una jarra de vino tapando la boca de la jarra con una yesca de pan y una loncha de jamón, surgiendo de esta forma una de las más tradicionales costumbres de la gastronomía nacional, la afamada tapa. Con renombre mundial, y de la que se han generado, tanto variedades múltiples, como especialidades gastronómica de elevada alcurnia.
Hoy día esta variedad da originen a una serie interminable de especialidades, recetarios, preparadas al albur de la imaginación de cada autor, que se sirven en casa, tabernas, restaurantes, establecimientos de hostelería en general, y que siendo unas menudencias de variedades gastronómicas, se distinguen , por su improvisación, gusto, variedad y especialidad respecto a sus auotres.
Hoy olvidada la prudente medida legal tomada por el rey apodado el sabio, constituyen una esmerada armonización de gustos, sabores y costumbres, una de las singularidades de nuestra cocina, que acompañadas de la adecuada bebida ,hacen el deleite del paladar de los mas exquisitos gourmets.

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