El Congreso de Viena, que como sabemos constituyó la reunión de las potencias Europeas para finalizar , y dar solución a los problemas creados por la revolución, con inspiración en la restauración de los principios monárquicos, contaron con las figuras de Metternich y Talleyerand, que con independencia de destacados políticos, era unos excelentes gastrónomos, por lo que podemos afirmas que en el largo desarrollo de las sesiones del Convenio que fueron desde 1814 a 1815, con independencia de sentarse la bases de La Santa Alianza para la reorganización del mapa europeo conforme a las ideas y tendencia de esa etapa histórica, frente a lo que consideraron los excesos y desviaciones revolucionarios, el congreso fue un innegable hecho gastronómico , ya que dentro de sus largas sesiones, y a la usanza de la época ,en que cada dignatario portaba consigo su sequito , se dio lugar a la reunión de los mejores cocineros de Europa.
Meteernich y Talleyerand eran dos exquisitos gastrónomos que llenaron de lujo y de buena cocina las sesiones de congreso, de forma que ha pasado a la historia, y se siguen aplicando los excelentes aderezos de las piezas de caza que ha dado origen a un sin fin da platos y salsas como las afamadas Nesseirode y Suvoarou, o el famoso pudin vienes de vainilla con castañas, y las becadas con trufas y foie gras, que recibieron grandes homenajes.
Así mismo, en esa época paso a destacarse la figura de Savariin como un gastrónomo inigualable, con la edición de su libro “El Buen Gusto” que constituye uno de los rituales más finos e inteligentes de la gastronomía, sin olvidar “El Gran Diccionario de la Gastronomía” de Alejandro Dumas, donde una recopilación de tres mil formulas, tomadas de los grandes banquetes a los que asistió, van adornadas con multitud de anécdotas de una fabulosa narración admirable y llena de gracejo.
Con ello venimos a refrendar, nuestra idea primigenia, de que alrededor de la buena mesa, y del buen comer, se han forjado, se forjan, y se forjaran siempre, circunstancias relevantes para nuestra historia.
Hoy disfrutamos de una evidente ventaja, los avances de la técnica nos permiten disfrutar de excelentes manjares sin llegar al esfuerzo de elaboración privado de antaño, lo que nos obliga volcar ,ese ahorro de tiempo, en imaginar, discurrir, estudiar, y en definitiva mejorar ese acervo cultural, que en torno a la mesa y la gastronomía, se ha desarrollado a través de las distintas fases de nuestra historia ,como garantes de su perpetuidad y mejora constante.
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